Tus clientes escriben por WhatsApp como siempre. Del otro lado, un mozo que nunca se cruza un pedido, nunca llega tarde y nunca pide franco: toma el pedido completo, valida la zona de envío y lo manda derecho a la cocina.
Si atendés pedidos por teléfono o WhatsApp a mano, esto te va a sonar conocido.
Un pedido mal anotado porque alguien lo tomó apurado entre dos mesas, y llega mal a la cocina.
Un cliente que no vuelve porque escribió a las 23:40 y nadie le contestó hasta el otro día.
Un envío que no se puede hacer porque se confirmó una dirección fuera de la zona, y hay que llamar a disculparse.
A cualquier hora, sin llamar ni esperar que atiendan el teléfono.
Plato, cantidad, aclaraciones, dirección o retiro, y forma de pago.
Revisa contra las calles que cubre el local antes de confirmar el envío.
Resumen prolijo, con el total ya calculado, listo para empezar a cocinar.
Cada local sirve su mesa distinto — esto es lo que ya viene incluido en la tuya.
Una página propia, siempre actualizada, que el mozo manda por link — nada de mandar el menú entero como texto.
El dueño edita platos, precios y disponibilidad cuando quiere, sin depender de nadie.
Por barrio o calle a calle — para no confirmar un envío que después no se puede hacer.
Efectivo o transferencia — con el alias incluido automáticamente en la confirmación.
Cada pedido queda guardado — no se pierde scrolleando el chat para buscarlo.
Horarios, zonas de entrega, medios de pago: cada configuración es distinta. Escribinos y vemos cómo queda armado para el tuyo — sin compromiso.